viernes, 16 de abril de 2010

Narrativa

Era una fría tarde en la costa de Ancud, Chiloé.
El viento corría fuertemente y la lluvia caía con brutalidad sobre las viejas tejas de las casas.
El mar enfurecido se estremecía de lado a lado, causando un ensordecedor estruendo al embestir las rocas del muelle.

Que aburrimiento... - Le comenté a mi Abuela, quien no era precisamente una diversión. Ella cocinaba Mermelada mientras aguardábamos la tormenta, la electricidad estaba cortada debido a que el viento había botado algunos postes de luz cercanos a la casa. Acá es algo normal, no estábamos preocupados en lo más mínimo. Mi hermano era quien más sufría, puesto que la TV es su pasión.

Disfruta la vista... - Me respondió y siguió revolviendo el dulce.
Yo no estoy acostumbrado a tanta lluvia, soy de Santiago y vengo seguido a visitar a mis familiares. Aburrido seguí mirando por la ventana, cuando de pronto, a través del blanco reflejo de la lluvia rebotando en el suelo, divisé una pequeña luz. Esta se acercaba lentamente hacia nosotros, me la quedé mirando tratando de adivinar qué era.
¿Hay faro acá? - Le pregunté a mi Hermano, quien me respondió que no. Extrañado pregunté -¿Qué será esa luz? - Pero para mi sorpresa, al mirar, la luz ya no se encontraba ahí.
¿Qué luz? - Ya no está - dije, nos quedamos en silencio. Yo extrañado y él como si nada. Cuando en eso, suena la puerta.
¿Tocaron la puerta? - Dijo la abuela - Que raro... La Mamá y el Papá dijeron que cruzarían mañana. La lluvia está muy fuerte. - Respondió extrañado mi hermano - ¡Dios mío, quién viene para acá con esta lluvia! - Decía mientras se acercaba a la puerta.

Al abrirla nos llevamos una gran sorpresa...
Quien tocaba a la puerta era una pequeña niña completamente empapada, llevaba ropa muy desabrigada, estaba tapada con apenas una frazada. Esta tenía en sus manos una linterna vieja y malgastada con la que alumbraba. Tiritaba fuertemente. La abuela la hizo pasar rápidamente, y corrió al segundo piso a buscarle un abrigo. La pequeña se quedó sentada en el sillón, en silencio y tiritando. Mi hermano fue a ver la mermelada que la abuela había abandonado, yo me acerqué un poco a la niña para ofrecerle algo. Todo había sido muy rápido, aún ni sabíamos por qué había ido a nuestra casa... ni mucho menos quién era.

Al acercármele, pude oir que susurraba algo...

OPCIÓN A

OPCIÓN B

jueves, 15 de abril de 2010

Lo que dice la niña...

Tengo frío... tengo frío... - Murmuraba la niña... Sentí un gran escalofrío. Fui hacia la escalera y le pedí a mi abuela que bajara pronto la frazada, pero no hubo respuesta. Miré a mi hermano, este estaba haciéndo aún la mermelada sin percatarse de nada. Miré a la niña, pero esta estaba ensimismada y seguía murmurando cosas... - Abuelaaa? - Insistí - ¿Por qué demoras tanto?, ¿todo bien?... - Pregunté sin respuesta alguna. Miré a mi hermano y lo mandé a buscar a la abuela. - La abuela no bajará - De pronto dijo la niña - ¿Cómo dices? - Le preguntamos, a lo que ella respondió - No bajará, se los aseguro - Respondió con una voz muy frágil. El miedo invadió mi cuerpo con un mal presentimiento y rápidamente subí las escaleras. Al llegar arriba, no podía creer lo que estaba viendo...

La abuela la ayuda...

La abuela caminaba con una manchada taza que contenía leche, una barra de chocolate amargo, desprendiendo un sutil vapor, para que la niña recuperara el aliento.
La niña, aun sentada, con labios morados, cabello empapado y ropa estilando, miró a la abuela, tratando de transmitirle algún mensaje.

Intente averiguar de quien se trataba esa intrigante niña, y le pregunte -¿Cómo te llamas?-, sin recibir respuesta, y le pregunto -¿Dónde están tus padres? ¿Qué haces sola caminando con esta lluvia?-. La niña solo miraba y no respondía.

Después de 10 minutos de espera, cuando la niña terminó de tomar su chocolate caliente la niña dijo –Es tú turno- y todos la miraron con cara de asombro, sin entender nada.

La abuela le tomó la mano y le dijo –Acompáñame-, y la niña, con aspecto de enferma la siguió. Le pasó ropa limpia y seca, luego la acostó en su habitación, y yo le lleve una frazada para que se abrigara, y le dijo –Será mejor que te recuestes y descanses, te despertaré para la cena.-

La dejamos descansar y nos dirigimos todos a la sala, y el silencio predominó por un par de minutos, hasta que mi hermano pregunto -¿Quién es ella? ¿Qué hace aquí?

¿Qué es eso de “es tu turno”?- mientras todos nos mirábamos asustados, y pensábamos en alguna razón coherente para lo sucedido.

Aunque con un poco de miedo ante la presencia de esa niña, me decidí a averiguar que era lo que sucedía, y fui hasta donde estaba descansando. Subí las escaleras con un extraño escalofríos, siento una suave brisa, y me decidí a abrí la puerta un poco indeciso, y solo para alcanzar a ver la cama.

La cama estaba tendida, la ropa estaba doblada sobre la cama junto con la frazada, y la niña ya no estaba…