Era una fría tarde en la costa de Ancud, Chiloé.
El viento corría fuertemente y la lluvia caía con brutalidad sobre las viejas tejas de las casas.
El mar enfurecido se estremecía de lado a lado, causando un ensordecedor estruendo al embestir las rocas del muelle.
Que aburrimiento... - Le comenté a mi Abuela, quien no era precisamente una diversión. Ella cocinaba Mermelada mientras aguardábamos la tormenta, la electricidad estaba cortada debido a que el viento había botado algunos postes de luz cercanos a la casa. Acá es algo normal, no estábamos preocupados en lo más mínimo. Mi hermano era quien más sufría, puesto que la TV es su pasión.
Disfruta la vista... - Me respondió y siguió revolviendo el dulce.
Yo no estoy acostumbrado a tanta lluvia, soy de Santiago y vengo seguido a visitar a mis familiares. Aburrido seguí mirando por la ventana, cuando de pronto, a través del blanco reflejo de la lluvia rebotando en el suelo, divisé una pequeña luz. Esta se acercaba lentamente hacia nosotros, me la quedé mirando tratando de adivinar qué era.
¿Hay faro acá? - Le pregunté a mi Hermano, quien me respondió que no. Extrañado pregunté -¿Qué será esa luz? - Pero para mi sorpresa, al mirar, la luz ya no se encontraba ahí.
¿Qué luz? - Ya no está - dije, nos quedamos en silencio. Yo extrañado y él como si nada. Cuando en eso, suena la puerta.
¿Tocaron la puerta? - Dijo la abuela - Que raro... La Mamá y el Papá dijeron que cruzarían mañana. La lluvia está muy fuerte. - Respondió extrañado mi hermano - ¡Dios mío, quién viene para acá con esta lluvia! - Decía mientras se acercaba a la puerta.
Al abrirla nos llevamos una gran sorpresa...
Quien tocaba a la puerta era una pequeña niña completamente empapada, llevaba ropa muy desabrigada, estaba tapada con apenas una frazada. Esta tenía en sus manos una linterna vieja y malgastada con la que alumbraba. Tiritaba fuertemente. La abuela la hizo pasar rápidamente, y corrió al segundo piso a buscarle un abrigo. La pequeña se quedó sentada en el sillón, en silencio y tiritando. Mi hermano fue a ver la mermelada que la abuela había abandonado, yo me acerqué un poco a la niña para ofrecerle algo. Todo había sido muy rápido, aún ni sabíamos por qué había ido a nuestra casa... ni mucho menos quién era.
Al acercármele, pude oir que susurraba algo...
OPCIÓN A
OPCIÓN B
viernes, 16 de abril de 2010
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